pixelMANIA: velando un sueño | revelando un clínico
Sueño el de mi indirecto procreador, indirecto pues solo llevo una parte de sus genes, una parte menos de los que llevo de mi padre, o sea mi abuelo, sueño el de mi abuelo, mi yayo, y “clínico”, el centro hospitalario donde se hallaba.
Que gratificante es eso de velar el sueño, gratificante solo en un plano etéreo, de forma intangible, pues quien cobra por realizar esta función no tiene otro nombre que el de mercenario, “mercenario del sueño”, aunque no es de extrañar, siempre hubo mercenarios en todas las materias, y más ahora. No obstante, y aunque suene irónico, los mercenarios del sueño están ahora más en desuso que nunca, supongo que es una simple cuestión de “urbanización”, sí, leen ustedes bien, urbanización, lo que antes eran villas ahora son ciudades, y estas últimas son ahora ciudades más grandes, superciudades, y los pueblos, los pueblos siguen siendo pueblos, pero cada día son menos, y es que resulta que esta “profesión” era algo muy típico de la gente de los pueblos, era una cuestión de vecinos, había muchos vecinos que “amablemente” velaban el sueño de sus convecinos, no sin olvidarse de poner la mano para ver que les caía.
Pero este no es el caso que nos atañe ahora, lo que ahora nos ocupa es lo gratificante que es el velar el sueño de un ser querido, sin euros de por medio, gratificante en un plano emocional. Aun recuerdo de niño, en periodos de enfermedad, en medio de la madrugada, una pesadilla fruto de la delirante fiebre te despierta, y ya despierto, y sumido en el terror, compruebas que mama te acompaña, sus ojos abiertos, su mano posada en tu frente, todo está en su sitio, puedes volver a tu descanso. ¿No es esto algo maravilloso?, a mí por lo menos me lo parece. Todas esas acciones que tienen su nacimiento en eso que no se toca, pero que se siente, esos lazos invisibles que nos unen a unos con otros.
Pues así pase yo esa noche de hospital, velando por las frecuentes excursiones al baño de mi abuelo, y es que llegada una edad, la próstata no perdona. Y a pesar de no ser plato de buen gusto para nadie el mantenerse despierto contra natura, evitando el siempre tan atractivo regazo de Morfeo, puedo decir con el corazón en la mano que no supuso para mí una mala noche, pues la sola idea de que estoy ayudando a esa persona que me quiere, a esa persona gracias a la cual estoy vivo, lo vale todo.
De todas formas, y sin llegar a descuidar en ningún momento la seguridad del yayo, tuve tiempo de realizar algunas capturas de esos parajes hospitalarios que durante el día están repletos de gente. Es increíble como en la noche, todo se transforma, no solo las calles y los espacios abiertos se vuelven distintos, los hospitales también, y para muestra esta que aquí os dejo.
Espero os sean de agrado las capturas, y no olvidéis que están sacadas con los tristes 3,2mp de mi PDA, y sin óptica alguna que me ayude, no sean duros conmigo.
Un saludo.





















